Sobre la libertad financiera

¿Te imaginas poder vivir sin trabajar? Eso es la libertad financiera.

Habitualmente se nos enseña que nacemos, estudiamos, trabajamos durante 40 años (si encontramos trabajo o no nos quedamos con el culo al aire a los 55 cuando ya no nos contratará nadie), recibimos una jubilación (si tenemos suerte) que nos permite vivir unos años sin trabajar (los físicamente más limitados de nuestra vida) y luego morimos.

En esos 40 años hemos dedicado 40-60 horas semanales a un trabajo que nos ha impedido realizar sueños, proyectos, e iniciativas que nos apasionan, simplemente intercambiando nuestro tiempo por dinero, teniendo 1-2h diarias para cosas que no sean trabajar y dormir. Si tenemos suerte, disfrutaremos de 15 o 20 días de vacaciones al año, donde intentaremos disfrutar al máximo, aunque siempre corre-que-te-corre, con la angustia de que volverás al trabajo y no saldrás hasta doce largos meses más tarde. Terrible.  

La libertad financiera busca una historia alternativa: poner el dinero y nuestra capacidad creativa a trabajar para nosotros, de manera que nos libere del yugo del trabajo y podamos disfrutar de nuestro tiempo para lo que nosotros queramos. Idílico, ¿verdad?

El concepto de libertad financiera no es demasiado conocido en España. Históricamente se ha denominado “vivir de las rentas”, pero básicamente consiste en romper la relación trabajo-ingresos: tener ingresos alternativos constantes que no vengan de tu trabajo habitual y que sean suficientes como para cubrir tus gastos diarios, de forma que ya no necesites trabajar más.

Si sueles vivir con 2.000€/mes y tienes una fuente de ingresos que te da esa cantidad, voilá!, ya puedes “jubilarte” cuando quieras.

“Sí, claro, eso es muy bonito, pero ¿cómo es posible?”

Hay muchas formas de obtener dichos ingresos alternativos: rentabilidad de inversiones o préstamos, alquileres de pisos, creación de empresas, webs, blogs, apps, venta de royalties, libros, ebooks, webinars… dependiendo de las capacidades y los recursos de cada uno, unas opciones serán más atractivas – o posibles – que otras. La clave es empezar cuanto antes a crear y diversificar las fuentes de ingresos alternativos.

Mi visión en este sentido es bastante clara: ahorra al máximo, invierte ese dinero de forma inteligente y deja que el interés compuesto haga su trabajo. (Más detalles sobre mi estrategia aquí: mi estrategia para alcanzar la libertad financiera).

Un tema clave aquí es el ahorro: si tu nivel de ahorro es suficientemente alto, el tiempo de trabajo que necesitas puede ser tan sólo 15 años, o 10, u 8… lo bueno es que al contrario de lo que se piensa comúnmente, esta cifra depende de tu capacidad de ahorro Y NO DE TUS INGRESOS. (Sí, te explota la cabeza, lo sé. Enlazaré un artículo aquí con las matemáticas detrás de esta afirmación).

¿Y a qué dedicarías tu vida entonces? ¡Me encanta esta pregunta! Es un tema más personal, que depende de los objetivos vitales de cada uno. Animo a pararse a pensar esta pregunta: “si pudieras disponer de tu tiempo el resto de tu vida: ¿a qué lo dedicarías?”. Provocará más preguntas, que serán más profundas a su vez, como: ¿quién soy? ¿cuál es el papel del trabajo en mi vida? ¿cuál es la importancia del dinero? ¿es el dinero un medio o un fin? ¿cuáles son tus prioridades vitales?

Lo que tengo claro es que lo se obtiene con la libertad financiera no es riqueza, sino tiempo. Tiempo para uno mismo y para los que quieres, para proyectos, desarrollo personal y sueños.

¿Personalmente a qué dedicaría mi tiempo?

Primero a mis hijos y mi mujer. No quiero ser un padre distante, ni un marido ausente. Quiero pasar tiempo de calidad, sin prisas, disfrutar juntos de juegos, parques, deberes…  y luego a desarrollarme en otras áreas que me apasionan e interesan, y que el trabajo me impide realizar.

“¿Qué cosas? ¡Pon ejemplos!”

Una breve lista personal:

  • Arte: escuchar y componer música, tocar instrumentos, dibujar, ver cine y hacer teatro;
  • Cuerpo: correr, nadar, montar en bicicleta y pasear;
  • Naturaleza: excursiones, carreras y rutas en la montaña;
  • Mente: lectura, estudio, idiomas, escribir (blogs, novela, poesía);
  • Alma: meditación, oración, silencio;
  • Los otros: ONG, acompañamiento a terceros;
  • Emprendimiento: arrancar iniciativas empresariales si se me apetece.
  • Hogar: cocina, compra, arreglos, decoración, limpieza, etc.
  • Viajar y conocer nuevos lugares.

A mi me suena genial, la verdad.

Es cierto que no es sano “posponer” todas estas cosas a cuando llegue la libertad financiera, sino que hay que buscarlas y disfrutarlas por el camino, pero definitivamente, el disponer del tiempo será una gran liberación para centrarse en estas otras tareas.

Tener esta visión en mente me anima a cumplir mis objetivos de ahorro e inversión y me motiva a seguir explorando y formándome cada día.

¿Será posible alcanzarlo? Quién sabe. En el peor de los casos, aunque no llegue a tener suficiente como para vivir de ello, tendré una “paga extra” a final de año como fruto de mis esfuerzos. Muchas personas lo han conseguido (aquí podéis leer algunos casos de éxito) ¿por qué no voy a ser capaz yo? 🙂

Iré dejando mi progreso documentado para quien le resulte interesante. Espero que te haya servido este artículo.

¡Un saludo!
Inversor Millennial

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